Presentación

La dinámica entre la inclusión y el fracaso de la integración no es sólo un problema social clave de nuestro presente, sino que presenta profundas raíces históricas y filosóficas. En las sociedades contemporáneas encontramos discursos sobre el fracaso en diferentes lugares, desde aquellos relacionados con el emprendimiento individual hasta programas destinados a minimizar el fracaso de las economías regionales frente a otras áreas más extensas y más pobladas, pasando por ideas sobre el liderazgo internacional. No obstante, las aproximaciones cuantitativas al desarrollo y la integración deben complementarse con una conciencia crítica sobre las consecuencias de etiquetar como fracasados ciertos grupos, individuos o incluso naciones (usado en ocasiones como un sinónimo encubierto en el discurso eurocéntrico o racista).

La inclusión y la integración en las distintas instituciones sociales son retos que exigen una reevaluación de los criterios usados para identificar el fracaso. Es necesario, al mismo tiempo, promover un entendimiento claro de la naturaleza provisional del fracaso y de las posibilidades de revertirlo y cuestionarlo. Esta reversión es tanto un hecho real como un resultado de los cambios en las concepciones sociales del éxito, el gusto o el bienestar. Si bien el fracaso es una categoría pesada y paralizante, un concepto elaborado para perpetuar la dominación colonial y legitimar la desigualdad, disciplinas tales como la psicología positiva, la ingeniería y la filosofía, etc. han sin embargo identificado varios aspectos y efectos positivos del fracaso y la recuperación.